Un poco de mí...
En las cercanías de la cancha del
Club Atlético All Boys se encuentra otra cancha de fútbol pero de alquiler. Cada
una nos muestra una realidad muy diferente, en una, viernes, sábado o domingo
por medio se disputan partidos profesionales, y en la otra simplemente se junta
un grupo de amigos o no tan amigos a jugar un partido de fútbol donde, si bien
no juegan profesionales, cada uno se siente igual de importante.
Al llegar al estadio amateur observé a un chico llamado Rodrigo Garay Trujillo de 22 años. No es
alto ni bajo, no es gordo ni flaco, no es rico ni pobre, solamente es un chico
que se divierte jugando al fútbol. Como la gran mayoría de los hombres amantes
del deporte más popular del mundo, su sueño de pequeño fue convertirse en un
gran jugador y, al igual que un gran porcentaje de esa mayoría, con el tiempo
se dio cuenta que ese sueño no se iba a cumplir.
Si bien en su vida cotidiana es un
chico tranquilo, deberían observar sus gestos, la forma de correr, de enojarse,
de gritar un gol, de patear la pelota, la pasión con la que se desenvuelve en
el campo de juego. Al finalizar el encuentro, toda esa pasión se borra y vuelve
a ser un chico normal, un chico que estudia y trabaja como el resto, pero en
esos sesenta minutos, él, se siente como un profesional.
Por Rodrigo Garay Trujillo...
Por Rodrigo Garay Trujillo...
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