martes, 14 de agosto de 2012


La cueva de los sueños olvidados
Un viaje al pasado y al presente
Werner Herzog lleva al espectador a un lugar donde nunca antes se pudo filmar un documental: a la histórica Cueva de Chauvet

En el río Ardeche, al sur de Francia, se encuentra un  puente natural llamado Pont D’arc. En el año 1994, a menos de cuatrocientos metros del puente,  tres exploradores iniciaron una odisea en búsqueda de corrientes de aire que les indicaría la presencia de cuevas.
Finalmente encontraron un flujo de aire y, luego de quitar varias rocas, un fino hueco en el cual apenas cabía una persona. Lo que los exploradores no sabían es que esa cueva era la famosa cueva de Chauvet, llamada así debido al nombre del explorador guía que la encontró, Jean Marie-Chauvet.
Algunos años después, el reconocido director de cine y documentales, Werner Herzog, obtuvo por parte de la Secretaría de Cultura francesa un permiso especial nunca antes otorgado para filmar dentro de la cueva de Chauvet. Así surgió el documental “La cueva de los sueños olvidados”.
En el documental, Herzog se adentra en la cueva de Chauvet, que actualmente es uno de los más grandes hallazgos de la historia de la humanidad debido a que contiene pinturas rupestres de aproximadamente 32.000 años, es decir, las más antiguas pinturas rupestres hasta hoy conocidas.
Debido a la importancia de la cueva y el frágil clima que se formó a través de los años en su interior, sólo se permite que por unas pocas semanas al año un grupo de científicos especializados pueda ingresar para realizar estudios.
El resto del año la cueva permanece herméticamente cerrada por una puerta de acero maciza y constantemente custodiada por dos guardias.
Jean Clottes fue jefe del equipo científico encargado de investigar la cueva por cinco años hasta su retiro. En la filmación Clottes  se encarga de dirigir la expedición, de comunicar las medidas de seguridad y de otorgar el equipamiento adecuado para recorrer la caverna. El orgullo que siente por todo lo referido a la cueva se observa claramente en sus gestos y en su voz.
Para filmar el documental, Herzog debió utilizar cámaras no profesionales,  lo que le da al espectador la oportunidad de ubicarse en el lugar del director, como un turista que lleva su cámara digital a todos lados con el fin de filmar y fotografiar todo lo que le resulte asombroso, desconocido.
Las cámaras comienzan a recorrer el lugar y en el suelo se ven huesos de diferentes animales prehistóricos como los osos de las cavernas, los rinocerontes lanudos y los mamuts.
Finalmente el director alemán muestra las primeras pinturas. Un oso dibujado y una serie de manchas rojas se vislumbran en la pared alumbradas por una tenue luz fría. Su autenticidad está comprobada ya que cubriendo las pinturas se encuentra un mineral llamado Calcita que tarda miles de años en formarse. Este mineral a su vez ayudó a que las pinturas mantengan su frescura, lo que las hace más sorprendentes aún.
En cierto momento, Clottes pide que todo el equipo que se encuentra en la cueva se quede callado e inmóvil por un momento, para poder apreciar el silencio que encierra la cueva y escuchar sólo el latido de sus corazones.
El espectador se siente parte de la expedición, hace silencio y observa, se maravilla contemplando la belleza natural que comprende a las pinturas, los cristales, la cueva en todo su esplendor, a pesar de la baja iluminación. Incluso llega a pensar que los latidos que emanan de la pantalla son sus propios latidos.
Hay un panel que sobresale por sobre los demás. En él se distinguen muchos caballos que parecen alejarse al galope, relinchando. Este panel fue denominado Panel de los Caballos, y se presume que fue pintado por un solo individuo, dado el trazo utilizado y la fecha de su realización.
A medida que Herzog se adentra en la cueva, muestra varios hallazgos famosos para la historia humana. En la cueva se encuentra la huella de oso más antigua de la historia y el panel de la pantera, que es la única pintura paleolítica en pared conocida hasta hoy.
El documental sigue su rumbo y los animales de las paredes comienzan a cobrar vida. El espectador puede observar a los caballos relinchar, a los rinocerontes embestirse, a un bisonte en retirada, e incluso a una leona que muestra sus dientes a un león para alejarlo.
La evolución de las imágenes a través del documental es sorprendente gracias a los planos duraderos sobre los dibujos. De esta manera Herzog permite absorber las pinturas, su significado, su espiritualidad y contemplar algo que muy pocos pudieron contemplar… Un fragmento atemporal de historia.

Por Rodrigo Garay Trujillo...

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