domingo, 14 de octubre de 2012


                    El arte colonial en su esplendor...

En el año 1922, en la calle Suipacha 1422, fue erigido en la Ciudad de Buenos Aires un palacio de estilo neocolonial cuyo nombre fue Palacio Noel, en referencia a su creador y arquitecto, Martín Noel. En 1936 Noel construyó dentro de su palacio el Museo Colonial y, por un decreto municipal de 1943 sobre especificación de los museos, en 1947 unificó el Museo Colonial con la colección del Museo Fernández Blanco, lo que le valió su nombre actual: Museo Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco. En 1963 el patrimonio del museo fue aumentado gracias a la donación de 750 piezas por parte de Celina González Garaño.
La colección del museo incluye platería, imaginería y mobiliario iberoamericano de los siglos XVI a XIX, documentos, libros, ornamentos religiosos, grabados, cerámica, indumentaria civil y accesorios femeninos.
Todas sus ventanas exteriores están cubiertas por rejas, lo que refuerza el rumor de que hace mucho tiempo, el palacio funcionó como compañía importadora de esclavos.
            Al traspasar el amplio portón de entrada, se ingresa a una galería que divide el edificio en dos cuerpos de inspiración barroca con frentes a la manera de retablo: a la izquierda está el museo y a la derecha la ex residencia y estudio de Noel. En el medio de ambos cuerpos, se asoma un deteriorado jardín de estilo andaluz. En el centro del jardín, rodeada de flores de colores y plantas, hay una fuente en desuso y en mal estado, mientras que sobre las paredes descascaradas y cubiertas de secas enredaderas, se observan imágenes religiosas pintadas sobre azulejos.
            Una leyenda urbana cuenta que en los jardines del Museo hispanoamericano Fernández Blanco, deambula el fantasma de una joven de 17 años que murió de tuberculosis en la década del 20. El presidente norteamericano Herbert Hoover, en su visita a la Argentina en 1928, y a los poetas Oliverio Girondo y Manuel Mujica Láinez, en la década del 40, afirman haber visto una figura blanca merodeando los jardines.
            Cada cuerpo tiene tres pisos o niveles y poseen balcones de estilo miradores, denotando también una clara influencia de la cultura peruana en la construcción del edificio.
Una serie de escaleras de piedra beige guían al visitante a la puerta de ingreso a del museo. Los pisos son de mármol blanco y negro, y en los techos se observan arcos sostenidos por columnas.
Un salón circular, que solía ser el comedor, llama la atención por la gran rosa de los vientos tallada en su piso de madera, crujiente por el paso del tiempo. A pocos metros del salón circular, se encuentra la lujosa ex - biblioteca, revestida por una alfombra rojo punzó y ostentando cuadros y reliquias del arte cusqueño.
El piso superior es el más escalofriante de todos debido a la gran cantidad de imágenes, cuadros y estatuillas de diferentes santos y deidades que parecen observar y vigilar los pasos del visitante desde cada ángulo.

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