Musicalizando la jungla
Por el cruce de la calle Florida y
Diagonal Norte pasan apuradamente cientos de personas por minuto: oficinistas,
cadetes, turistas y compradores y vendedores de diferentes tipos. A pesar de la
rapidez con la que se desplazan, no logran esquivar la melodía pegadiza que los
choca de frente.
La
banda callejera de reggae llamada Jamaicaderos, compuesta por diez integrantes
entre amigos y familiares, se sitúa periódicamente en este concurrido cruce
para tocar sus instrumentos con soltura, alegría y animosidad.
El
grupo está integrado por dos saxofonistas, dos guitarristas, un bajista, un
baterista, un trombón, un trompetista, un tecladista y un percusionista y tocan
música instrumental.
Alejandro
Cabrera, bajista de la banda, explica que generalmente tocan música
instrumental salvo que se acerque algún cantante amigo o incluso alguien del
público que sepa cantar.
Jamaicaderos
se creó hace seis años con músicos de diferentes estilos para presentarse en
los bares de San Telmo que organizaban fiestas Jams de reggae. Tras ganar
cierto reconocimiento en el circuito, comenzaron a tocar de cuatro a cinco
veces por semana en los diferentes bares.
Ezequiel
Ledesma, percusionista, cuenta el porqué del alejamiento de la banda del
circuito de bares de San Telmo: “Lamentablemente en Argentina, la música no se
considera un oficio, un trabajo pago. Los bares tenían la intención de darnos
algo de dinero pero no llegaba a cubrir las necesidades básicas para subsistir
y pagar los gastos”.
Este
golpe de realidad se transformó en un punto de inflexión. Decidieron dejar de
tocar en los bares y trataron de conseguir un manager. Al no conseguir un
representante dispuesto a trabajar en forma de cooperativa, es decir que todos
colaboran con todos los gastos y cobran por partes iguales, decidieron lanzarse
a tocar en la calle.
Hoy
en día son una de las bandas que están más al día con el sistema legal de la calle,
sin embargo en sus inicios sufrieron muchas maldades por parte de las
autoridades y los comerciantes de la zona.
Cabrera
explica: “Al principio la policía, que está arreglada con los comerciantes, nos
mintió una y mil veces para que nos vayamos. Recibimos amenazas y agresiones. Finalmente
hablamos con varios abogados y nos instruimos para obtener herramientas con que
defendernos”
A
pesar de que no viven exclusivamente de la música, el dinero que la gente deja
voluntariamente al pasar, y la venta de sus CD’s grabados en estudio, contribuye
a la subsistencia diaria de cada uno. Aunque no lo hacen sólo por lo económico,
sino que valoran la respuesta genuina y sin respuesta a un movimiento
comercial, de la gente ante su música llena de vida y movimiento.